Unos van, otros vienen
Se me ocurre entrar en mi blog y me doy cuenta de que el título de este nuevo post que empiezo podría ser muy parecido al anterior: Ya llevo casi un mes sin escribir en mi blog...
Y es que yo ya avisé desde el primer momento que esto de convertirme en blogger no fué para nada vocacional. Pero la razón principal no es esa, lo que pasa es que soy una gandula.
Para intentar resumir este último mes puedo empezar por contar que estube en el polo norte. Cinco días de escapadita con mi huésped favorito. 12 horas al volante de ida y 11 de vuelta nos perimitieron descubrir la cantidad de pinos que tienen en este país. No os sepa mal que gasten tanta madera en ikea, os aseguro que les sobra. Y no solo eso, si no que ellos mismos se encargan de no perder bosque y constantemente se ven zonas replantadas con bebés de árbol.
La belleza de las tierras laponas es indescriptible, a mi humilde parecer, tan solo comparable a la de la Patagonia Argentina. Ambos paisajes hacen que te cueste respirar y que te sientas muy muy pequeñita.
Podéis ver algunas fotos
aquí y juzgar vosotros mismos.
Unos días más tarde vino
ella. La echaba muchísimo de menos, pero lo agradable que fué tenerla aquí durante una semana no ayduó a mejorar la situación. Ahora es peor. Y deseo más que nunca que nuestros planes se cumplan.
Ella también dice que lo pasó bien, pero la verdad es que todos los astros suecos se pusieron de acuerdo para que ocurriera lo que todos los erasmus de esta ciudad tememos. Que cuando vienen tus amigos no te dejen entrar en ningún sitio. Porque no tienes la edad, porque el local está completo, porque no hablas sueco. O porque resulta que, en el local al que pretendias acceder, acaba de empezar una fiesta privada en la que el último invitado ha entrado dos mintuos antes que tú y curiosamente el atuendo del mismo tenía un precio 5 veces mayor que el tuyo. Aparte de ser más alto, más guapo y más rubio, por supuesto.
A pesar de todo esto la verdad es que pasamos unos días estupendos y parece que mi invitada se fué con ganas de empezar su aventura erasmus el año que viene. Para entonces cambiarán los papeles y espero poder pasar una semanita en pádova.

Ahora vuelvo a estar solita en mi habitación que cada vez se parece más a un apartamento, pues he tenido la suerte de heredar algunos muebles imprescindibles para tener un verdadero hogar. Unos vienen... otros se van... y los que se quedan, heredan un sofá!
Me va a sentar bien un ratito de lectura.